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Certezas

El Gordo Ferreyra apareció un jueves a la tarde en el bar de la terminal, como aparecen ciertas enfermedades y algunos recuerdos: sin aviso y con olor a humedad. El Turco Bargas lo vio entrar desde la mesa del fondo, donde estaba peleándose con un café lavado y un crucigrama del diario del domingo anterior. Tardó unos segundos en reconocerlo. No por la cara —que seguía siendo la misma mezcla entre sindicalista cansado y arquero suplente de liga santafesina— sino porque el Gordo caminaba distinto. Más lento. Como si ahora tuviera que pedirle permiso al piso. —Mirá vos... —dijo el Turco—. El último revolucionario de barrio Candioti. El Gordo sonrió apenas. —Y vos seguís pareciendo un empleado municipal infiltrado. Se abrazaron corto, incómodo, con esos palmoteos en la espalda que los hombres usan para evitar decir “te extrañé”. Pidieron una ginebra. Después otra. Y después una tercera, porque las primeras dos habían sido apenas para lubricar los silencios. Al principio hablaron de cosas ...

La aburricion

 ¿Que harías si se te rompe el celular y empiezas a aburrirte? Así rezaba una publicación en una red social, seguida de un "Abro hilo". Abrí Curioso la publicación porque me encanta ver la diversidad de las respuestas. Algunos sugerían leer un libro, otras hacer figures de papel y un tercero proponía salir a la calle, tocarle el timbre al vecino y volver corriendo a casa, rememorando el querido "ring-raje" de nuestra infancia. Poco a poco las respuestas se iban repitiendo hasta que alguien dijo las palabras mágicas: "me aburriría y abriría mi imaginación” y aunque parezca obvio, no deja de ser una frase que divide generaciones. Mi generación -la denominada X-, creció en un mundo Analógico pero que nos adaptamos a lo ninja a lo digital. Vimos pasar todos los formatos : Vinilos, Cassettes, CD, MP3, Streammig. Pero había un motor importante que nos alimentaba. estar aburridos sin que nadie nos venga a solucionar el tema o algún adulto tapara el proceso. ...

Noches Mágicas

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 Recorría la red social con poca atención, hasta que apareció en la pantalla un dúo cantando una canción en italiano. En ese instante me di cuenta, que aquella canción me traía un torbellino de emociones que ningún otro hit -y eso que los ochentosos tenemos para hacer dulce- podía generar en mí. De lo otro que me di cuenta fue que, quienes fuimos contemporáneos a ese mundial en Italia, habíamos vivido una epopeya distinta e irrepetible, impensada ademas para un país que no perdonó otras derrotas. Pero la diferencia, fue, es y será….EL. Nadie recuerda exactamente en qué momento empezó el Mundial del 90 para nosotros. Algunos dicen que fue con el pitazo inicial en Milán; otros juran que empezó antes, cuando el país ya venía golpeado, con la inflación como un nueve grandote que te partía la trompa de un codazo artero.   Yo creo que empezó el día en que EL se ató los botines y miró alrededor como quien sabe que va a jugar solo, pero igual entra a la cancha. El equipo no ...

La casa del árbol

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Dicen que la ansiedad aparece cuando nos damos cuenta de que el tiempo existe.  Cuando somos niños, el tiempo es una variable que no encaja en la fórmula diaria  Son los mayores los que se esfuerzan por ubicarnos en la realidad, en los riesgos de la vida, como el cuco si no tomamos la sopa. Cuando somos adultos nos sumergimos en ese mundo de señores preocupados y señoras enojadas y adoptamos el rol que nos toca representar, tratando de cumplir los mandatos impuestos por la sociedad para no ser mal visto. Lo que nunca nos advirtieron es que este mundo adulto viene superpoblado de momentos de tristeza y soledad, de estrés de desazón. De cientos de batallas perdidas y por perder. Sin embargo, mis queridos chichipíos, tengo un secreto para contarles: esa magia única de la niñez sigue ahí presente. Está escondida muy dentro nuestro, como el hueco de aquel árbol en el fondo del patio de la abuela donde llevábamos unas galletitas y un vaso de jugo y se transformaba en nuestro mejor y...

El club fantasma

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  En el corazón del barrio, donde las calles se cruzaban formando una cuadrícula de sueños y recuerdos, se erigía una vez el Club Deportivo "El Ferrocarril". Un gigante de cemento y sueños que albergaba las hazañas de cientos de pibes que soñaban con ser estrellas del fútbol. Pero, como tantas otras historias de gloria marchita, el club se convirtió en un fantasma, un vestigio de un pasado que se resistía a morir. Las puertas, alguna vez repletas de la algarabía de la hinchada, ahora estaban selladas por el óxido del tiempo. La pintura, otrora roja y vibrante, se había descascarado, dejando al descubierto el esqueleto de ladrillo y cemento. La maleza crecía sin control, invadiendo el campo de juego como aquellas hinchadas después de ganar un partido chivo y transformándolo, ahora, en un laberinto verde. El viejo cisne de yeso, donado por el ferretero del barrio, yacía partido en dos, su cabeza sumergida en una ciénaga que había sido el pozo de la pileta social, un proyect...

La Pileta

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 Manuel estacionó su coche a unos metros de la entrada del club, bajó el bolso del baúl y activó la alarma. Cruzó la calle que a esa hora estaba con muy poco tráfico. “A las ocho de la mañana esto debe ser un infierno de pibes”, pensó, recordando las mañanas con colonias del verano. Se acercó a la garita de entrada y la seguridad le pidió el carnet. Metió la mano en el bolsillo externo del bolso, lo sacó y le sonrió tontamente. El tipo solo lo miró solo para corroborar que la foto correspondía a la cara del portador. -Bueno…que lindo que arrancamos…murmuró sin poder resistir al malestar que le produjo el silencio. Entró por el pasillo y camino unos metros hasta la segunda recepción. Por suerte estaba vacía y la automatización lo liberaba de cualquier ser humano mal levantado. Tipeó su documento y al dar enter la valla se destrabó para que pudiera pasar. Hacía rato que no tenía ganas de hablar con nadie, por eso había elegido natación. Entró al vestuario y buscó un l...

Truco

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 Se me apareció sentado frente a mí en la mesa. No lo escuché llegar, ni sentarse. Como siempre en realidad. -Das vos. Dijo sin mediar otra palabra. Ya no me asustaba su aparición ni su presencia ni su aspecto. Evidentemente se había tomado como algo personal mi futuro. Las cartas que un segundo antes estaban semiordenadas para el solitario, ahora eran una sola pila listas para ser mezcladas. -¿La apuesta? Le pregunté inocentemente - La misma de siempre, no me vengas con boludeces. - Epa, que humor. ¿Que pasó, no te pagaron los royalties de los Rollings? Lo pinché sabiendo que odiaba esa canción. -Ah, estas en vivo hoy. Conoces bien la historia, te la conté en persona y sabes que su longevidad nada tiene que ver con esa canción ni otra simpatía por mí que nombren. Pura lirica. -Claro, preferís llevarte un cordero de esta manera, le dije señalando la mesa con las cartas listas. Cada uno ya tenia enfrente tres cartas. -Solo con vos, todavía dudo si sos un ti...